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El Banco, Magdalena, su historia, sus costumbres y sus tradiciones son negras

El Banco, Magdalena, su historia, sus costumbres y sus tradiciones son negras

Durante décadas se repitió que, en El Banco, Magdalena, “no había negros”. Hoy, la voz de Miladis Esther Galán, docente y lideresa afro, desmonta ese mito y muestra cómo el orgullo étnico y la memoria son herramientas para construir paz.

 

En el municipio de El Banco, a orillas del Magdalena, la historia oficial repitió durante años que aquí “no había negros”, mientras las calles, los patios y el propio río estaban llenos de rostros, acentos y ritmos marcados por la herencia africana. Ese borramiento no solo se sentía en el habla cotidiana, sino también en los colegios y en los actos cívicos, donde pocas veces se nombraba a los verdaderos protagonistas de este territorio. De ese choque entre lo que se dice y lo que se vive nace la lucha de Miladis Esther Galán, docente y lideresa afrocolombiana, quien decidió organizarse junto con su familia y su comunidad para demostrar que este municipio es, ante todo, un pueblo negro.

En conversación con Archivos para la Paz, Galán reconstruye la creación de la Asociación Afrocolombiana José Domingo Ortiz, relata cómo el autorreconocimiento étnico transformó la manera en que las y los bancanos se miran a sí mismos y explica por qué preservar la memoria es una herramienta clave para la educación y la construcción de paz. Su testimonio muestra que nombrarse, organizarse y dejar constancia de lo vivido —en archivos, fotografías, relatos orales y redes comunitarias— es un acto político que protege a las nuevas generaciones frente al olvido y al racismo, y abre caminos para imaginar un futuro más justo. 

 

plano general de un rio con embarcaciones a la orilla

 

Archivos para la Paz: Listo, hablemos un poco acerca de eso que me venía contando sobre la historia de cómo se creó la organización.

Miladis Esther Galán: Bueno, la historia de cómo creamos la organización tiene algo de irónico. Recuerdo que estábamos en la administración del doctor Puerta. A él, la gente, por cariño aquí en el municipio del Banco, le dice “El Alcalde”. Era el alcalde de esa época y todo el mundo lo conocía como el Negro Puerta. Pero resulta que cuando llegó una visita de Santa Marta, de la Gobernación, vino una compañera. Ella llegó al Banco en una delegación que permaneció una semana; la Gobernación sesionó aquí durante ese tiempo, y la idea era que cada una de las oficinas pudiera mostrar lo que estaba haciendo a nivel departamental.
Era una forma de descentralizar, pienso yo, la Gobernación. Entre esa comitiva llegó una líder afro de Santa Marta, quien preguntó si aquí no había organizaciones de negros o étnicas. Le respondieron que en el Banco, precisamente, no había negros. Entonces ella no se quedó sentada, sino que decidió salir a la calle a comprobar si era verdad que en el Banco no había negros.

Pasaba un hermano mío y lo llamó. Le dijo:

—Bueno, yo veo que usted es negro, pero me han dicho que aquí en el Banco no hay negros.

Y él respondió:

—¿Cómo que no? Aquí en el Banco somos negros.

Entonces ella le pidió que reuniera a algunas personas como él, porque quería hacer una reunión esa misma tarde. Él aceptó, llamó a toda la familia —nosotros somos treinta y pico de núcleos familiares, directamente familia, familia— aquí en el Banco. Los reunió y fuimos allá. Llenamos todo eso de personas negras, afrocolombianas.

Ese día ella nos explicó que su propósito era crear una organización afro en el Banco, y precisamente la creamos con ella. Nos ayudó con los estatutos y todo, y formamos la asociación, a la que llamamos José Domingo Ortiz, en honor al fundador del Banco, Magdalena.
Mira una cosa rara: ni en los colegios —te lo digo porque soy docente— sabían quién era José Domingo Ortiz. Y José Domingo Ortiz es el fundador del Banco, Magdalena.

Archivos para la Paz: ¿Por qué cree usted que en los colegios no saben quién es José Domingo Ortiz?

Miladis Esther Galán: Bueno, así como la historia ha borrado al único presidente negro que ha tenido Colombia, también, en cualquier parte donde el protagonista ha sido un negro, generalmente lo han querido borrar o “blanquear”, como se dice popularmente. José Domingo Ortiz era un negro, de las minas de San Martín de Loba. Dicen que cuando los indígenas, poco a poco, ahuyentados por el asedio de los españoles, se fueron de este poblado de El Banco, él subió en labores de pesca hasta este pueblo, que estaba deshabitado, desalojado por los indígenas Pocabuyes, y allí hizo su asentamiento.

Esta es la única fundación que está reconocida como tal, la de El Banco. Se celebra el dos de febrero como fecha de fundación, pero solo se festeja la parte religiosa y cultural; nunca se ha hecho énfasis en destacar quién fue el fundador, como ocurre en otras ciudades.

¿Tú sabes, por ejemplo, quién es el fundador de Santa Marta? De hecho, allá tienen hasta estatuas y todo eso, ¿cierto? Pero aquí no.

Archivos para la Paz: ¿Y cómo esa reivindicación de la figura de José Domingo Ortiz les ha servido a ustedes como organización para salir adelante y trabajar?

Miladis Esther Galán: Es como decirle a la gente: “Mire, usted puede sentirse muy orgulloso de ser indígena, pero también tiene otra sangre que corre por sus venas, la del negro, y no hay que sentir vergüenza, ni ocultarlo, ni quererlo blanquear o negar”. Era un negro que, con su trabajo honrado, logró crear una población que, poco a poco, con inmigrantes de otros lugares, formó el municipio del Banco. Teníamos la necesidad de visibilizar a esta comunidad, porque —vuelvo y repito— desconocida, pero presente en todo. De hecho, El Banco, Magdalena, su historia, sus costumbres y sus tradiciones, son negras. Si tú ves la deidad de aquí, la Virgen del Carmen —los católicos—, es negra. Eso se llama sincretismo religioso: los negros no adoraban deidades blancas, ellos las representaban a su manera.

Archivos para la Paz: Volviendo un poco al trabajo de su organización, ¿qué labores podrían destacar ustedes que han tenido un impacto en la comunidad?

Miladis Esther Galán: Las acciones han sido muchas. Hemos ido a casi todos los corregimientos haciendo labor educativa. Comenzamos enseñando a la gente qué era un negro, qué era un afrocolombiano, qué era un raizal, qué era un palenquero, y por qué nosotros decíamos que El Banco era afrocolombiano. Eso nos trajo buenos resultados, porque las personas empezaron a autorreconocerse.

Archivos para la Paz: ¿De qué modo ha incidido eso en el municipio del Banco, por ejemplo, en las políticas públicas?

Miladis Esther Galán: En el municipio de El Banco se crearon políticas públicas para la población negra y afro. Esa política buscaba que la gente entendiera que, a nivel nacional, las comunidades negras también son importantes, igual que las indígenas. Participamos en el Festival de la Cumbia que se hace aquí en El Banco; presentamos proyectos ante el Ministerio TIC para dotar a nuestros jóvenes de computadores durante la pandemia, porque muchos tuvieron que regresar de la universidad y no contaban con recursos. Logramos que se entregaran equipos; también conseguimos mercados a través de la alcaldía para las personas de nuestras organizaciones.

Hemos ayudado a que muchos jóvenes estén hoy estudiando; algunos ya han terminado sus carreras universitarias. Tenemos jóvenes en España haciendo intercambios culturales y participando en el Consejo de Juventudes. De pasar a ser desconocidos, ignorados e invisibilizados, hoy encontramos jóvenes que dicen: “Yo soy afrocolombiano, pertenezco a la organización de El Banco”.

Cuando llegamos a la Universidad del Magdalena con un grupo de muchachos que avalamos, logramos que se autorreconocieran, y eso les dio acceso a becas. Hoy regresan y motivan a otros jóvenes. La mayoría de los miembros de esta organización son profesionales: abogados, licenciados, psicólogos, pedagogos, ingenieros… Esa es la fortaleza de la asociación: la gente aquí está preparada.

 

señora sentada en silla con cuaderno y esfero en las manos

 

Archivos para la Paz: ¿Y toda esa labor está documentada? ¿Dónde reposan esas memorias?

Miladis Esther Galán: Sí. La gente conoce la organización a través de nuestra página en Facebook. De hecho, hay personas fuera del país, en España, que se comunican conmigo y me dicen: “Mira, vi en Facebook algo que ustedes están haciendo, me gustó, me gustaría ser parte de la asociación”. Esa es la manera, aunque no tenemos la capacidad de abrir un espacio más grande. A través de la página, la gente nos conoce y tratamos de subir lo más posible para que sepan lo que hacemos.

Archivos para la Paz: Hablemos un poco también de los logros que han tenido. ¿Cómo relacionan ese trabajo con la reivindicación del pueblo negro aquí en El Banco?

Miladis Esther Galán: Fíjate que no ha sido una labor fácil. Hacemos parte de una red de organizaciones del Magdalena que nos apoyó hasta que pudimos registrarnos ante el Ministerio del Interior y obtener nuestra propia resolución. Antes necesitábamos el aval de una compañera en Santa Marta; ahora lo hacemos directamente. Participamos en programas donde muchos muchachos están cursando maestrías. Ha sido muy bueno, porque la idea es preparar a las generaciones futuras para el relevo generacional. 

Yo ya hago parte de los dinosaurios (ríe), pero si te das cuenta, la mayoría de los que están al frente ahora son jóvenes. Y eso nos alegra, claro. Eso demuestra la importancia de la memoria.

Archivos para la Paz: ¿Por qué considera usted que es importante preservar la memoria, y cómo cree que esa preservación ayuda en la construcción de paz?

Miladis Esther Galán: Porque si no se conserva, si los muchachos —esta generación— no aprenden a amar, conocer y transformar de manera positiva la sociedad… se pierde todo.
La mayoría de los jóvenes hoy quiere imitar a otros, de otras naciones, porque les da pena lo que son. Hay que empoderarlos para que se sientan orgullosos de lo que son, que amen su tierra, que valoren lo que tienen, para que lo conserven y lo transmitan a sus hijos.

Ser negro no es solo tener piel negra: es conservar tradiciones y costumbres, tener una cosmovisión que nos permita, donde lleguemos, ser reconocidos como parte de una comunidad. 

 

 
 

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