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Escuelas que resisten: aulas convertidas en archivos vivos en los Montes de María

Escuelas que resisten: aulas convertidas en archivos vivos en los Montes de María

Entre recetas, cantos, fotografías y relatos, campesinos y comunidades afro reconstruyen su historia para sanar el territorio y recomponer el tejido social.

 

niños frente a computadores

 

En San Onofre y María la Baja, entre el mar y los Montes de María, las aulas dejaron de ser solo salones de clase para convertirse en bastiones de memoria en una región marcada por la guerra. Desde finales de los años noventa, los grupos armados —en especial los paramilitares— gobernaron a punta de miedo: impusieron su dominio, dejaron asesinatos, desapariciones y obligaron a cientos de familias campesinas y comunidades afrodescendientes a abandonar sus tierras.

Lo que pudo quedar reducido a relatos sueltos y recuerdos fragmentados hoy se recompone en los espacios educativos. Líderes comunitarios, maestros rurales y colectivos culturales han convertido la escuela en un lugar donde se investiga, se guardan archivos familiares y comunitarios y se habla, sin rodeos, de lo que pasó. Desde allí, la memoria deja de ser un tema lejano para volverse parte de la vida diaria y una herramienta para reconstruir confianzas rotas, tramitar el duelo y abrir caminos de paz en los Montes de María, mientras las nuevas generaciones aprenden a leer su historia para que no se repita.

Esa forma de entender la escuela como archivo vivo se concreta en dos instituciones que hoy son clave en la región: la institución educativa Santa Fe de Icotea, ubicada en el municipio de María la Baja, que se ha transformado en un verdadero puente entre generaciones donde la educación no solo transmite conocimiento académico, sino también memoria, identidad y reparación; y la institución educativa afro Plan Parejo, en San Onofre, que se ha convertido en un ejemplo de cómo la educación puede ser un camino hacia la paz, la reparación histórica y la afroreparación cultural.

 

La educación como archivo de la memoria

Para la profesora Luz Nellis Camacho, de la institución educativa Santa Fe de Icotea, “La escuela y la comunidad son como el cuerpo y el corazón: uno no puede estar sin el otro”. Con ello, la institución ha logrado convertirse en un eje fundamental que une la vida rural, la tradición y la esperanza. Para esto, la educación ha cumplido un rol fundamental, puesto que representa una forma de reparación histórica que intenta devolverle la voz y el valor a una comunidad que ha resistido los embates del conflicto a través de sus prácticas culturales y cotidianas. 

En la institución educativa Santa Fe de Icotea, los archivos no se limitan a papeles guardados en carpetas. Viven en las historias que los mayores cuentan, en los festivales del dulce, en las recetas que viajan de generación en generación, en las canciones que se repiten durante las faenas del campo. Cada experiencia es un documento vivo, un fragmento de historia que se comparte y se resignifica.

“La escuela desde sus aulas va llevando toda esa sabiduría a los estudiantes”, explica la profesora Luz Nelly. “Tenemos una estrategia muy importante: traemos a los padres al aula, donde cuentan sobre gastronomía, medicina tradicional, costumbres y memoria histórica”. Prácticas que han convertido la educación en una herramienta de transmisión intergeneracional, en la que el conocimiento ancestral se integra al aprendizaje formal, permitiendo que las nuevas generaciones comprendan su territorio y su historia.

 

mujer afrodescendiente frente a mata de platano

 

La educación como archivo vivo

Desde la institución educativa Afro Plan Parejo, el aula se ha convertido en un archivo en constante movimiento. Fotografías, videos, entrevistas y documentos digitales conforman un acervo comunitario que crece junto con los estudiantes y sus familias. “Hemos intentado hacer el rescate de la historia de Plan Parejo y de la institución educativa porque nos dimos cuenta de que había pocos documentos sobre ese entonces”, nos cuenta Alfonso Berrío. 

Para ellos, estos archivos no se guardan en silencio: se comparten en redes, se usan como material pedagógico y se narran colectivamente. En palabras del maestro: “Queremos que ese archivo dialogue con nuestro territorio y con nuestra comunidad educativa, que sea un sentir de nuestra comunidad”. Así, los archivos escolares dejan de ser simples documentos administrativos para convertirse en espacios de encuentro, reflexión y reconstrucción social.

En Plan Parejo, la labor educativa no puede entenderse separada del contexto de violencia que ha afectado a San Onofre y a la región Caribe. Para ellos, la escuela busca recomponer el tejido social desde la educación, promoviendo la participación activa de padres, docentes y estudiantes. “Hablamos de integrar nuestra comunidad para hacer comunidad, que las familias se integren, y de esa manera creemos que construimos paz desde el territorio”, afirman.

Así, el conocimiento, la memoria y la educación se entrelazan como herramientas de reparación simbólica y empoderamiento colectivo.

Enseñar para reparar

En una región que ha sido escenario del conflicto armado, la enseñanza también se ha vuelto una herramienta de reparación. La escuela, inmersa en la comunidad, actúa como un espacio de diálogo, sanación y reconstrucción simbólica. La memoria se ha transformado en una forma de resistencia frente al olvido y la indiferencia. “Cuando usted recopila todo eso que ha hecho parte de la memoria histórica, organiza esa línea de tiempo, y llega a la institución educativa, ahí empezamos a hablar con los estudiantes y los estudiantes hablan con sus padres… y eso nos sirve para saber qué pasó y, sobre todo, para que no se repita”, explica la docente Luz Nellis Camacho.

En este proceso, la educación podría entenderse como un archivo vivo de experiencias, luchas y aprendizajes. No solo guarda lo que fue, sino que ayuda a transformar lo que será. La oralidad, las prácticas cotidianas, los proyectos escolares y los archivos comunitarios se unen para reparar la memoria colectiva y fortalecer la identidad campesina.

Por su parte, la IE Afro Plan Parejo es también un ejemplo de afroreparación histórica, un proceso que reconoce el papel de la educación en la dignificación de las comunidades afrodescendientes. Al rescatar las tradiciones, la cosmovisión y los valores culturales, la escuela fortalece la identidad de sus estudiantes y contribuye a reparar el daño causado por siglos de exclusión.

“Conocer nuestra historia, nuestras costumbres, nuestra forma de ver el mundo hace que nuestros estudiantes se empoderen de su territorio”, dice el profesor Berrío. Este empoderamiento es, en sí mismo, una forma de paz: una que se construye desde el orgullo, el conocimiento y la memoria compartida.

 

hombre de frente junto a ventana y una planta a su lado

 

Del los salones de clase a la reconciliación

Allí, donde los lugares para la memoria han sido borrados, los testimonios se convierten en archivos vivos que construyen historia. Desde San Onofre y María la Baja, tanto la educación como la cultura han demostrado ser pirales para la reconstrucción del tejido social y la confianza en la búsqueda de la paz. 

Em ambos testimonios, la apuesta pedagógica por recuperar la memoria no radica solo en construir un archivo, sino en crear una memoria llena de sentido en la que confluyan las voces de abuelos, docentes, niños y jóvenes. 

 “Tenemos que conocer nuestra historia para no repetir”, nos recuerda el profesor Berrío, en una sentencia que todos alguna vez hemos escuchado. En esta ocasión, desde los Montes de María, dos organizaciones la han convertido en una guía para demostrar que la enseñanza, el aprendizaje y la memoria se construyen desde la dignidad, con la certeza de que estos elementos ayudarán la transformación y la reparación histórica de su territorio. 

 

 
 

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